Las primeras reacciones coinciden en algo especialmente llamativo: DC Studios no ha suavizado el componente terrorífico del personaje. Al contrario, la película dirigida por James Watkins parece abrazar sin complejos la violencia gráfica, las transformaciones grotescas y una atmósfera capaz de incomodar incluso a los espectadores acostumbrados al cine de terror. Pero lo más curioso es que también ha conseguido emocionar y hacer reír.
Clayface lleva el terror corporal a un nivel inesperado dentro de DC
Una de las opiniones más contundentes llega de Steven Weintraub, de Collider, que no ha escondido su entusiasmo tras asistir a una proyección. El periodista destaca especialmente la intensidad de algunas secuencias y asegura que el público reaccionó con auténtica sorpresa ante lo que aparecía en pantalla.
«Clayface ha sido fantástica. Una incorporación increíble al DCU que no requiere conocer nada de DC para disfrutarla. Es una película para adultos y está repleta de escenas brutales que realmente me sorprendieron. El público se alteró varias veces durante mi proyección por lo que estaba viendo», explicó Weintraub.
Su valoración apunta hacia uno de los aspectos más interesantes del proyecto: la posibilidad de disfrutar de una historia independiente sin necesidad de seguir todas las conexiones del universo compartido. Una estrategia que podría ayudar a DC Studios a atraer espectadores interesados en el terror, aunque nunca hayan leído un cómic de Batman.
También Brandon Davis ha destacado el trabajo de James Watkins construyendo una Gotham inquietante. Sin embargo, sus mayores elogios están reservados para Tom Rhys Harries, encargado de interpretar a Matt Hagen, el hombre que terminará convirtiéndose en el monstruoso villano.
Una mezcla de horror, romance y humor que nadie esperaba
Si la violencia ya parecía suficiente para diferenciar esta producción de otras adaptaciones de cómics, las primeras críticas señalan una característica todavía más sorprendente.Clayface combina el terror corporal con elementos románticos, algo que ha llamado especialmente la atención de quienes esperaban una película exclusivamente oscura.
La periodista Chalice Williams ha llegado a describirla como una de las mejores películas de terror del año. «¡No esperaba que combinara tan perfectamente el terror y el romance! Warner Bros. y DC lo han bordado, y Mike Flanagan nunca falla con sus guiones», aseguró.
La presencia de Mike Flanagan como guionista resulta especialmente significativa. El creador de La maldición de Hill House y Misa de medianoche ha demostrado en numerosas ocasiones su capacidad para construir historias donde los monstruos conviven con conflictos profundamente humanos.
Por su parte, Jenna Anderson, de Phase Hero, ha destacado otra cualidad inesperada: el humor. Según explica, la película resulta repugnante, imaginativa, sorprendentemente divertida y sincera, una combinación que permite alternar momentos desagradables con otros emocionalmente cercanos.
James Gunn podría haber encontrado una nueva fórmula para el DCU
Otra de las grandes conclusiones de las primeras impresiones es que Clayface podría demostrar que el universo de DC tiene espacio para películas de géneros muy diferentes. En lugar de reproducir constantemente las fórmulas habituales del cine de superhéroes, esta producción apuesta por una identidad propia. El crítico Peter Gray la describe como una incorporación emocionante al universo de James Gunn, aunque advierte de que su tono es oscuro, violento y apenas concede descansos frente a sus imágenes desagradables.
Esta libertad creativa podría convertirse en una de las principales fortalezas de DC Studios. No todos sus personajes necesitan protagonizar aventuras de acción convencionales, especialmente cuando cuentan con historias capaces de funcionar dentro del terror psicológico, la ciencia ficción o el thriller criminal. La película también supone una oportunidad para reivindicar a uno de los enemigos más particulares del Caballero Oscuro, cuya historia ha tenido distintas interpretaciones desde su aparición en los cómics.
Con su estreno previsto para el 23 de octubre de 2026, Clayface está a punto de enfrentarse a la prueba definitiva: conquistar al público general. Las primeras reacciones son extraordinariamente positivas, aunque habrá que esperar a las críticas completas para comprobar si el entusiasmo inicial se mantiene.
Lo que parece evidente es que DC Studios ha conseguido despertar la curiosidad con una película que promete ser tan desagradable como fascinante. Y quizá ese sea precisamente el mayor triunfo de Clayface: demostrar que, en Gotham, los monstruos también pueden protagonizar grandes historias sin que Batman tenga que ocupar el centro del escenario.
Llevo más de treinta años esperando que alguien acierte con Street Fighter en imagen real. Sobreviví a la versión de 1994 con Jean-Claude Van Damme, que hoy se sostiene casi únicamente por el delirante Bison de Raúl Julia, y a aquella La leyenda de Chun-Li que nadie recuerda con cariño.
Street Fighter: una adaptación hecha con cariño de fan
Esta vez había motivos para la esperanza. Las adaptaciones de videojuegos llevan una racha más que digna, con Sonic, The Last of Us, Fallout y, hace nada, el Resident Evil de Zach Cregger. Y detrás de la cámara está alguien que entiende el juego desde dentro. Kitao Sakurai, curtido en The Eric André Show, Bad Trip, Dave y Beef, es medio japonés y creció en Ohio. Para él, Ryu fue el primer personaje de ficción en el que se vio reflejado. Su intención declarada era honrar el juego sin que la película dejara de tener voz propia, y Capcom le dio margen para hacerlo.
Salí del cine convencido de que es la mejor de las tres versiones de acción real. También de que eso, por sí solo, no basta.
Un arranque animado que promete
La película abre con un prólogo en animación 2D de inspiración anime, y es lo mejor que vas a ver en dos horas. No es casualidad: el estudio Titmouse dibujó a mano cada fotograma con técnicas de los noventa, una decisión cara y arriesgada que se nota en cada plano. En él conocemos a Ryu (Andrew Koji) y Ken (Noah Centineo), amigos inseparables que entrenan bajo la severa tutela de Gouken (Don Lee).
Ryu gana el primer torneo World Warrior en 1987. Esa victoria lo deja al borde de un poder oscuro vinculado a Akuma (Joe Anoai, Roman Reigns en el ring), el hermano demoníaco de su maestro, y Akuma acaba arrebatándoles a los dos su figura paterna. A partir de ahí, la amistad se rompe.
El salto a la imagen real se hace a base de clips granulados de estética MTV que resumen seis años en un par de minutos. Ken se ha convertido en una estrella de la fiesta, con rizos rubios de boy band y un gi rosa chillón con dorados, que gana combates amañados gracias a su mánager, Dan Hibiki (Andrew Schulz). Ryu malvive regentando un puesto de fideos que no vende nada.
Es 1993 cuando Chun-Li (Callina Liang) los recluta para un nuevo torneo World Warrior. Lo organiza M. Bison (David Dastmalchian), líder de Shadaloo, que quiere arrebatarle al ganador su energía para dominar el llamado Psycho Power. Chun-Li trabaja infiltrada para él, pero su misión es personal: vengar a su padre. Durante esta primera mitad, la película es ágil, caricaturesca y muy divertida.
La mejor pelea ocurre en una habitación de hotel
Si tengo que quedarme con una escena, es el reencuentro de Ryu y Ken en una habitación de hotel. Ken lanza patadas voladoras y golpes giratorios que no tocan más que aire. Ryu esquiva sin despeinarse, bloquea con una almohada y, cuando Ken se estampa, se la desliza bajo la cabeza para amortiguar la caída. Hay incluso un momento en que se aleja de puntillas sin levantarse del sofá.
La cámara sigue la coreografía con precisión para que cada gag funcione, y la química entre Koji y Centineo hace el resto: la calma de Ryu contra la ansiedad de hermano pequeño de Ken. Esa química no es casual. Ambos llegaron a Sídney seis semanas antes del rodaje para entrenar juntos y pulir escenas, y se nota. La secuencia parece de otra película, más lista que esta.
Tampoco me olvido del combate entre Ken y el boxeador Balrog (50 Cent), que bebe de Toro salvaje alternando golpes a toda velocidad con impactos a cámara lenta, con la sangre y la baba suspendidas en el aire. Balrog está construido a partir de Mike Tyson y del Clubber Lang de Rocky III, y luce unas zapatillas Reebok Pump diseñadas para la película.
El coordinador de especialistas, Jon Valera, quería huir del caos sucio a lo John Wick y recuperar las artes marciales limpias de Matrix, con base en el Goju-ryu, el Shotokan y el judo. Cada personaje tiene su estilo: kung fu y taichí para Chun-Li, golpes militares para Guile, una capoeira salvaje para Blanka. Muchos movimientos clásicos están bien trasladados, como el suplex de Zangief, el cabezazo y las mil palmadas de E. Honda o la patada en media luna de Guile. Se resuelven con mucho trabajo de cables y arneses y poco CGI. A veces parecen ligeramente acelerados, pero ese punto tosco les da encanto. Y sí: por primera vez vemos en carne y hueso el Psycho Crusher de Bison.
…y luego, el torneo que no vemos
Casi justo en el ecuador, la película llega a lo que debería ser su plato fuerte: un torneo eliminatorio de siete combates. Veremos, con suerte, uno y medio. La película acumula catorce grandes secuencias de lucha, y la más ambiciosa, la del cabaret, que reúne a casi todo el reparto y llevó casi dos semanas de rodaje, ocurre fuera del ring. Que una película titulada Street Fighter esquive precisamente las peleas del campeonato me parece difícil de perdonar.
El resto de la acción mezcla cine de Hong Kong, anime y el espíritu de los ochenta y noventa, con Scott Pilgrim contra el mundo como referencia más cercana. El problema es que Sakurai llena cada secuencia de tantos chistes que no da tiempo a disfrutar ninguno. Además, cuanto más avanza, más se apoya en los efectos digitales y menos contundencia física tiene la acción. Muchas peleas se filman en planos medios y primeros planos que esconden la coreografía, y eso duele más sabiendo el trabajo que hay detrás.
Una segunda mitad que se desmorona
A partir del torneo, la película se dispersa sin remedio. Conviven cuatro tramas a la vez (Ryu, Ken, Chun-Li y Bison), más la amenaza de Akuma, y el montaje salta de una a otra sin descanso. Lo más extraño es que hay dos villanos esperando a aprovecharse del ganador y ninguno parece saber que el otro existe.
Lo que más rabia me da es que, sobre el papel, el conflicto entre Ryu y Ken tiene una buena idea. Ryu guarda un secreto desde hace años: Ken sí fue invitado al primer torneo, pero Gouken no lo consideró preparado. Ken ha crecido creyendo que no era lo bastante bueno, y Ryu carga con esa culpa. Es un motor dramático estupendo, pero llega tarde y diluido. Ese dato, y otros fundamentales como el significado del poder Hado, se cuentan en flashbacks animados pasada la primera hora. Los flashbacks, tan buenos al principio, acaban convertidos en una muleta.
Los diálogos se vuelven fragmentados: cada vez más frases se pronuncian de espaldas a la cámara o con la boca medio tapada. No sorprende tanto si se tiene en cuenta que el guion pasó por cuatro manos (Dalan Musson escribió el original y lo revisaron Gary Dauberman, T. J. Fixman y el propio Sakurai).
El final no es un final. No hay clímax satisfactorio, cada personaje llega a un desenlace emocional que no le corresponde y la historia, simplemente, se apaga. Todo está pensado para dejar la puerta abierta a una secuela, pero sin generar el interés suficiente para desearla.
Una comedia que se ríe de sí misma, pero no sale de ahí
Street Fighter siempre ha mezclado lo solemne con lo ridículo, y la película lo sabe. Mi recurso favorito es Chun-Li: cada vez que Ryu o Ken se ponen trascendentes, al estilo de las películas de Van Damme o Steven Seagal que inspiraron el videojuego, ella les recuerda con cuatro palabras lo absurdos que suenan.
Esa autoconciencia sirve de escudo ante las críticas, pero funcionaría mejor si la película estuviera por encima de lo que parodia. No es el caso. Hay un gag con el “What’s Up” de 4 Non Blondes que no tiene gracia, y un guiño a la frase mítica del Bison de Raúl Julia (“para mí era martes”) que se estrella: no se puede parodiar algo que ya era cómico.
Los homenajes a Street Fighter II: La película, el anime de culto, son constantes. Dan algún momento de servicio al fan bien resuelto, con diálogos retro incluidos, pero también varias escenas que se quedan a medio camino.
El problema de la mirada
Ese homenaje al anime tiene una cara poco afortunada. Chun-Li entra en plano muslos por delante y protagoniza una escena de ducha a cámara lenta. En la película animada, aquella escena desembocaba en una pelea contra Vega con la agente en desventaja. Aquí la cámara solo se recrea en el cuerpo de Liang.
Me resulta especialmente frustrante porque la actriz se tomó el papel muy en serio. Pasó de entrenar dos o tres días por semana a hacerlo seis, con dos horas diarias solo de patadas, y transformó su cuerpo para parecerse al personaje. Merecía una cámara a la altura de ese trabajo.
Se suman planos gratuitos de traseros femeninos y varios chistes cuyo remate es la supuesta homosexualidad latente de Guile. Ni Chun-Li ni Cammy, dos personajes históricamente sexualizados, reciben un tratamiento lo bastante inteligente como para burlarse de esa herencia sin perpetuarla. El resultado se siente incómodamente anticuado.
Un 1993 que solo existe en la banda sonora
Sakurai buscaba un 1993 “ligeramente alternativo”, más cercano a cómo recordamos aquellos años que a cómo fueron. Eso explica que suene alguna canción posterior a la fecha en que transcurre la historia. Pero casi todo el trabajo de ambientación lo hace la banda sonora: MC Hammer con “2 Legit 2 Quit”, Montell Jordan con “This Is How We Do It” y una sucesión de éxitos de la época. Fuera de la música, poco transmite esos años.
La partitura original es de Leo Birenberg y Zach Robinson, los compositores de Cobra Kai, y se cuelan temas del videojuego. La entrada de Guile al ritmo de su melodía es de las que se celebran en la sala. Pero ninguna canción dura lo suficiente para quedarse. Es ruido de fondo para un movimiento constante.
Diseño: donde se nota el dinero
Donde no hay queja es en el apartado visual de personajes y decorados. La película se rodó en los Disney Studios de Sídney, ocupando dos de sus mayores platós, y los exteriores australianos se hacen pasar por Tailandia, la India o Siberia. La guarida de Bison mezcla H. R. Giger, Dune y el universo del juego en un espacio monolítico que impone.
El vestuario de Kym Barrett está pensado para que se note el sudor y el desgaste. El gi blanco de Ryu está envejecido a conciencia, y Ken pasa de su gi hortera de luchador de exhibición al rojo clásico en el momento justo. Cuando por fin se ve a los dos juntos con sus colores de siempre, el fan que llevo dentro dio un respingo.
Un reparto que salva los muebles
Sakurai renunció a buscar dobles físicos de los personajes y apostó por un reparto procedente de mundos muy distintos: cine, comedia, lucha libre, música y artes marciales. Si la película se mantiene a flote, es gracias a ellos. Abrazan el tono absurdo sin complejos y compensan personajes muy poco desarrollados.
Callina Liang es la mejor Chun-Li que ha tenido el cine. Era una casi desconocida que se ganó el papel a base de pruebas, y tiene presencia, una forma física trabajadísima y unas piernas que firman las mejores coreografías. Es el personaje con los pies en la tierra, y lo defiende pese a todo lo que el guion le hace pasar.
Andrew Koji nació en 1987, el año del primer Street Fighter, y llegó al rodaje tras seis meses de karate, judo y kickboxing en Reino Unido. Evita que el estoicismo de Ryu se vuelva acartonado y rueda él mismo sus secuencias más complicadas.
Noah Centineo se estrena en el cine de acción y clava a Ken como deportista fanfarrón con buen fondo, aunque el guion nunca deja claro qué busca en el torneo.
Andrew Schulz es el arma secreta. Fue el único que no entrenó para pelear, solo para caer y recibir, y su Dan Hibiki empieza como un parásito avaricioso y termina siendo el corazón emocional de la película.
Cody Rhodes roba cada escena como Guile, con una peluca rubia trapezoidal y una manera de soltar cortesías y amenazas con la misma voz cuartelera. Lástima que salga tan poco.
Vidyut Jammwal practica Kalaripayattu desde los tres años, y se nota. En su primera película de Hollywood aporta a Dhalsim unos movimientos hipnóticos y una autenticidad que se agradece, aunque sus escenas sean escasas y su personalidad no se parezca a la del juego. Lo mismo ocurre con la Cammy de Mel Jarnson.
Orville Peck tiene formación en ballet y flamenco y quiso dar a Vega aires de torero. La idea es buena, pero en pantalla apenas asoma el narcisismo ni la elegancia que pide el personaje.
Joe Anoai impone como Akuma, aunque la historia sude para justificar su presencia. Jason Momoa, que también es productor, apenas aparece como Blanka, y su CGI extraño y su forma de hablar dejan una mezcla de gracia y desconcierto. Balrog y el Zangief del gigante Olivier Richters (2,18 metros) se quedan en cameos.
Eric André, colaborador habitual de Sakurai, hace de presentador del torneo, Don Sauvage, con su caos habitual. A ratos funciona, pero buena parte de su comedia parece improvisada y casi nunca da en el blanco.
Mención aparte para David Dastmalchian. Construyó a Bison desde la obsesión por el control, y su villano no es el dictador intimidante de los juegos, sino un excéntrico que disfruta casi físicamente de cada paso que lo acerca al poder. Es una apuesta poco convencional y la defiende hasta el final. Pero echo de menos la amenaza, y por momentos parece sobreactuar y estar dormido en la misma escena.
Veredicto
Se nota que Street Fighter está hecha por gente que adora el juego: desde el director hasta el último especialista, pasando por un reparto que creció machacando botones en recreativas y consolas. Ese cariño está en el vestuario, en los movimientos, en la animación y en los guiños. Lo que falta es una historia que lo sostenga.
Si eres fan, vas a encontrar referencias a cada paso, la música original y un par de peleas que te sacarán una sonrisa. Si no lo eres, te espera un anime de acción real chillón y caótico que divierte a ratos y se vuelve incomprensible justo cuando debería apretar.
Es la mejor adaptación en imagen real de la saga, sí, pero el listón estaba tan bajo que superarlo no la convierte en una buena película. Y queda muy lejos de lo que el género ha demostrado ser capaz de hacer últimamente. Me quedo con la sensación de que esos prólogos dibujados a mano, tan vibrantes, deberían haber sido la película entera.
Lo mejor
El prólogo y los flashbacks en animación 2D dibujada a mano.
La pelea cómica entre Ryu y Ken en la habitación del hotel.
Callina Liang, Andrew Schulz y Cody Rhodes.
El vestuario y los decorados, con la guarida de Bison a la cabeza.
Lo peor
Un torneo del que apenas vemos combates.
Una segunda mitad dispersa, con diálogos mutilados y un final que no llega.
Una mirada sobre los personajes femeninos que parece anclada en los noventa.
Street Fighter: Ficha técnica
Dirección: Kitao Sakurai
Argumento: Dalan Musson y Gary Dauberman
Guion: Kitao Sakurai y T. J. Fixman
Reparto: Andrew Koji, Noah Centineo, Callina Liang, David Dastmalchian, Andrew Schulz, Cody Rhodes, Vidyut Jammwal, Joe “Roman Reigns” Anoai, Orville Peck, Olivier Richters, Mel Jarnson, Eric André, Curtis “50 Cent” Jackson y Jason Momoa
Música: Leo Birenberg y Zach Robinson
Producción: Legendary Pictures, en asociación con Capcom. Distribuye Paramount Pictures
Jac Schaeffer, responsable de Bruja Escarlata y Visión, desarrolla una nueva propuesta para Amazon MGM de Stargate, pero parte de la comunidad teme que se repita la historia
El anuncio llega después de que Amazon descartara en junio otra propuesta desarrollada por Martin Gero, guionista con experiencia en Stargate SG-1, Atlantis y Universe. Según las informaciones publicadas, la compañía dudaba de que aquella versión pudiera atraer a espectadores más allá de los seguidores habituales de la saga.
Esa decisión explica buena parte de la desconfianza que se ha extendido entre los aficionados. Algunos consideran difícil ilusionarse con una nueva producción después de que se abandonara el proyecto de alguien que conocía bien la franquicia. Otros prefieren esperar a que comience el rodaje antes de dar credibilidad al anuncio y temen que la serie termine cancelada tras una o dos temporadas.
También hay voces más optimistas. Algunos seguidores recuerdan que Schaeffer consiguió que Bruja Escarlata y Visión funcionara tanto para los aficionados al Universo Cinematográfico de Marvel como para quienes no estaban familiarizados con él. Confían en que pueda aplicar una estrategia similar a Stargate, respetando su legado y facilitando la entrada de nuevos espectadores.
Por ahora, Amazon no ha detallado el enfoque de la producción ni ha confirmado cuándo podría estrenarse. La recepción de la comunidad dependerá, en buena medida, de cómo se concrete esta nueva apuesta tras la cancelación de su predecesora.
La próxima colección de los X-Men asignará otra identidad a la heroína, que compartirá protagonismo con un equipo creado para cubrir la ausencia de los Vengadores
La decisión también ayuda a distinguir su trayectoria de la de Kwannon, el otro personaje asociado a la identidad de Psylocke. Betsy ha pasado por varias etapas, desde sus primeras apariciones vinculadas al Capitán Britania hasta su transformación en una de las integrantes de los X-Men y su posterior etapa como Capitana Britania.
La colección presentará además una nueva misión para los mutantes. Después de los acontecimientos de Avengers: Armageddon, la desaparición de los Vengadores dejará a la Tierra sin su principal grupo de defensa ante amenazas globales. Tormenta y Lobezno asumirán entonces la tarea de reunir una formación capaz de ocupar ese vacío.
Junto a Butterfly, el equipo estará integrado por Bishop, Coloso, Iceman, Firestar y Justice. Su primera gran prueba llegará con la aparición de la Ola de Anulación, una amenaza que obligará a estos héroes a demostrar si pueden afrontar peligros de la magnitud de los que solían combatir los Vengadores.
Maximum X-Men #1, con guion de Christopher Yost y dibujos de Tony S. Daniel, tiene previsto su lanzamiento para diciembre de 2026.
En nuestro podcast LCDE 274 os ofrecemos algunas recomendaciones como Espectadores, publicado por Planeta Cómic, o Aprendiz de cuervo, publicado por Norma Editorial
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Norma Editorial abre las puertas del desierto más fascinante de Moebius con Arzak, El pequeño panteón Moebius, un libro de arte deslumbrante e imprescindible para cualquier amante del noveno arte
Un jinete silencioso cruza un desierto sin fin a lomos de un gran pájaro blanco. No dice nada. Nadie a su alrededor dice nada tampoco. Lleva un gorro puntiagudo, una capa que ondea al viento y la mirada clavada en un horizonte que nunca termina. Abajo esperan criaturas extrañas, rocas con formas imposibles y peligros que aparecen sin avisar. Así llegó en 1975 uno de los personajes más enigmáticos del cómic europeo, una figura que cambió la manera de contar historias con dibujos y que acompañó a su creador durante casi cuatro décadas de búsquedas y reinvenciones. Ese viaje, con sus metamorfosis, sus bocetos, sus pinturas y sus versiones alternativas, es el que reúne Norma Editorial en Arzak. El pequeño panteón Moebius.
Conviene aclararlo desde el principio. Esto no es un cómic con una historia de principio a fin, sino un libro de arte dedicado por completo a Arzak, la criatura más libre de Jean Giraud, el dibujante al que el mundo conoce como Moebius. La obra nació en Francia en 2023 de la mano de Moebius Production, que con ella estrenó una colección de artbooks bautizada Le Petit Panthéon Moebius. La idea es dedicar cada volumen a un personaje del autor y mostrarlo en toda su amplitud, con reproducciones cuidadas y textos que expliquen su contexto. Empezar por Arzak tiene todo el sentido. Era uno de los personajes favoritos de su creador y uno de los que más veces visitó a lo largo de su carrera.
Un guerrero que no necesitaba palabras
Arzak debutó en Métal Hurlant, la revista de ciencia ficción que Moebius fundó a finales de 1974 junto a Philippe Druillet, Jean-Pierre Dionnet y Bernard Farkas, el grupo que se hizo llamar Les Humanoïdes Associés. Fueron cuatro historias cortas y sin una sola palabra. Moebius jugaba incluso con el nombre del protagonista, que cambiaba de grafía de un relato a otro (Arzach, Harzakc, Harzach…). Aquellas páginas mudas, que muchos lectores comparan con un sueño, tuvieron un impacto enorme en la historieta francesa. Demostraron que se podía narrar solo con imágenes y abrieron la puerta a una ciencia ficción adulta, poética y extraña.
La silueta del guerrero del gorro cónico y su montura (a menudo descrita como un pterodáctilo, aunque es más bien uno de esos pájaros tan propios del universo de Moebius) se convirtió pronto en un icono. Con los años el autor volvió a él de forma esporádica. Le dio voz en una historia posterior ya con diálogos, lo transformó en versiones más espirituales y andróginas, lo refinó en Starwatcher y llegó a reinventarlo en Arzak l’arpenteur (2010), el primer tomo de una trilogía que su muerte dejó sin continuar.
Este libro recorre todas esas etapas como si fuera la visita a un museo. Cada capítulo funciona como una sala distinta, y el lector pasa de los primeros dibujos de los años setenta a las ilustraciones más tardías, casi abstractas. Por el camino descubre cómo el personaje y su creador crecieron juntos, hasta el punto de que resulta difícil separar al uno del otro. Los textos explican portadas, ilustraciones y bocetos, y se completan con citas y fragmentos de entrevistas del propio Moebius. El prólogo, breve y casi poético, ya marca el tono de todo lo que viene después.
Jean Giraud, el autor que se desdobló
Jean Giraud nació el 8 de mayo de 1938 en Nogent-sur-Marne y murió en París el 10 de marzo de 2012. Antes de ser Moebius se hizo un nombre en el western con Blueberry, la serie que creó en 1963 junto al guionista Jean-Michel Charlier en la revista Pilote. Allí desarrolló un estilo realista, lleno de luces y sombras, que lo convirtió en uno de los dibujantes más populares de Francia.
Pero Giraud tenía otra voz. Con la firma de Moebius (un guiño al matemático alemán August Ferdinand Möbius y su célebre banda infinita) se lanzó a explorar lo fantástico con total libertad. En Métal Hurlant firmó obras como El garaje hermético o The Long Tomorrow, esta última con guion de Dan O’Bannon, y más tarde dibujó El Incal junto al guionista Alejandro Jodorowsky, una de las grandes sagas de ciencia ficción de la historia del cómic. En 1981 recibió el Gran Premio de la Ciudad de Angulema, y Federico Fellini llegó a decir que lo consideraba más importante que Gustave Doré.
Su talento también llegó al cine. Participó en el diseño de producción de Alien (1979) y Tron (1982), y creó el universo visual de Los amos del tiempo (1982), la película de animación de René Laloux. Arzak, en concreto, dejó una huella muy profunda fuera del papel. Hayao Miyazaki contó que dirigió Nausicaä del Valle del Viento bajo la influencia de Moebius. El segmento Taarna de la película animada Heavy Metal (1981) se inspira en él, y el videojuego Panzer Dragoon lo tuvo entre sus grandes referencias visuales. En 2002 el propio Moebius escribió Arzak Rhapsody, catorce cortos animados de unos cuatro minutos para la televisión francesa que llevaban a la pantalla los desiertos y peligros del personaje.
Plumilla, acrílico y píxeles
Lo más fascinante del libro es ver cómo cambió la mano de Moebius con el paso de los años. Los primeros dibujos de Arzak muestran un trazo minucioso, lleno de líneas finas y tramas hechas con plumilla Rotring. Después llegan las pinturas acrílicas, con colores intensos y desiertos que parecen vibrar bajo un sol imposible. Y en la última etapa aparecen los trabajos con técnicas digitales, que el autor abrazó sin complejos. Pocas veces se puede seguir de forma tan clara la evolución de un artista que nunca dejó de experimentar.
Cambie lo que cambie el estilo, el personaje conserva su esencia. Puede aparecer como un viajero solitario, como un sabio o como alguien que contempla las estrellas, pero su silueta se reconoce al instante. Esa es quizá la mayor lección del volumen. Moebius no se repetía nunca, pero sabía volver a sus criaturas sin traicionarlas.
La edición está a la altura. La cubierta de tela, el gran formato y la calidad de las reproducciones invitan a recorrer cada página sin prisa y a detenerse en los detalles. La traducción corre a cargo de Carmen Arnaldos Almagro, y los textos nunca se imponen a las imágenes. Aportan el contexto justo para entenderlas y dejan que el dibujo hable por sí mismo.
Arzak. El pequeño panteón Moebius es una compra obligada para cualquier admirador del autor francés. Reúne en un solo volumen cuatro décadas de un personaje clave y lo presenta con el mimo que merece. Pero también funciona como puerta de entrada para quien solo conozca a Moebius de oídas, porque enseña de un vistazo por qué tantos dibujantes, cineastas y creadores lo consideran un maestro. No es un libro para leer de un tirón. Es un libro para tener a mano, abrir por cualquier página y perderse en esos desiertos donde el silencio lo dice todo.
Esta edición presentada por Norma Editorial viene en un formato de cartoné con un tamaño de página de 24,7 x 31 cm. y contiene la traducción del libro de arte original Le Petit Panthéon Moebius: Arzak, dividido en ocho capítulos y enriquecido con comentarios, citas y extractos sobre el personaje. El tomo contiene 176 páginas a color. El precio de venta recomendado es de 59€ y se puso a la venta en agosto de 2026.
Arzak. El pequeño panteón Moebius
UN ESPECTACULAR LIBRO DE ARTE DE UNO DE LOS MAYORES CREADORES DE NUESTRO TIEMPO
Desde sus primeras apariciones en Métal Hurlant hasta las representaciones andróginas o espirituales que le siguieron, este libro de arte, dividido en ocho capítulos, rinde homenaje a las múltiples facetas y versiones alternativas de Arzak, uno de los personajes más icónicos y queridos del universo de Moebius.
A lo largo de cuarenta años de vida en el papel, el vínculo establecido entre autor y personaje creció y la mitología personal del personaje acabó confundiéndose con la de su creador evolucionando estilo y personalidad junto a Moebius con el paso del tiempo. Este libro propone un hermoso viaje gráfico a través de esta relación, enriquecido con diversos comentarios, citas y extractos sobre Arzak y sus representaciones paralelas, y pone de relieve las múltiples técnicas de trabajo utilizadas por el autor. Una obra imprescindible para cualquier admirador de la obra de Mœbius, pero que sin duda también gustará a quienes descubran este fascinante universo.
Aunque Crystal Lake acaba de iniciar su recorrido, su creador, Brad Caleb Kane, y su protagonista, Linda Cardellini, ya imaginan cómo podría continuar la historia. No se trata únicamente de añadir más asesinatos a una franquicia conocida por sus muertes sangrientas, sino de profundizar en un personaje que, pese a su importancia para la saga, apenas tuvo tiempo de desarrollarse en la película de 1980.
Crystal Lake tiene historias suficientes para varias temporadas
“Tenemos algunas ideas para una posible segunda temporada con las que quizá estuvimos jugando durante la primera. Pero nos pareció que necesitábamos contar una historia compacta. Así que las guardaremos”, explicó el guionista y director. Sus palabras dejan claro que el universo de Viernes 13 todavía tiene numerosos rincones por explorar, aunque la continuidad de la producción dependerá de que reciba luz verde para nuevas entregas.
Linda Cardellini cree que Pamela Voorhees todavía tiene mucho que ofrecer
Una de las principales novedades de esta precuela es su decisión de situar a Pamela Voorhees en el centro de la narración. Interpretada por Linda Cardellini, la protagonista aparece como una madre soltera que vive en la pequeña localidad de Crystal Lake junto a Jason, su hijo enfermizo. La muerte del niño por ahogamiento en un campamento de verano desencadena una transformación marcada por el dolor, la violencia y los secretos de su pasado.
Cardellini considera que el personaje dispone de un enorme potencial narrativo. La actriz recuerda que la historia comienza una década antes de la película original, lo que proporciona suficiente margen para desarrollar nuevas situaciones. “Todavía le queda mucha vida por vivir”, señala, antes de recordar que la televisión permite jugar con el paso del tiempo: una década puede desarrollarse narrativamente durante treinta años o apenas dos.
El gran misterio de Viernes 13 podría contarse desde otra perspectiva
Resulta curioso que uno de los personajes fundamentales de la franquicia haya tenido tan poco protagonismo en pantalla. En la primera entrega, dirigida por Sean S. Cunningham en 1980, Pamela aparecía durante una parte relativamente breve del metraje, aunque su revelación como responsable de los asesinatos se convirtió en uno de los grandes giros del cine de terror.
Precisamente ahí encontró Kane la inspiración para desarrollar la serie. Según explica, la historia parte de una confesión de aproximadamente dos minutos realizada por Pamela en aquella película. Ese pequeño fragmento abre numerosas posibilidades para construir su pasado, explicar sus motivaciones y presentar acontecimientos que los espectadores nunca llegaron a conocer.
Una segunda temporada permitiría descubrir los secretos del pueblo
El creador también quiere aprovechar un elemento que tradicionalmente ha quedado eclipsado por los asesinatos: la propia localidad de Crystal Lake. Más allá del famoso campamento, existe una comunidad de habitantes cuyas vidas podrían estar relacionadas con la tragedia de los Voorhees.
“Creo que hay mucha más historia que contar, incluso entre los acontecimientos del final de esta temporada y los de la primera película”, afirma Kane. El responsable de la ficción asegura que hay muchos años por explorar, además de numerosos vecinos y acontecimientos anteriores a 1980 que le gustaría incorporar si recibe la oportunidad.
La precuela podría terminar conectando directamente con la película de 1980
Pero quizá la posibilidad más interesante sea que Crystal Lake termine alcanzando los acontecimientos de la primera entrega de Viernes 13. Kane no descarta que la serie pueda ofrecer una reinterpretación de aquella historia desde los ojos de Pamela, mostrando cómo encajan sus experiencias con los sucesos que el público ya conoce.
El creador considera interesante llegar hasta ese punto y contemplar la historia desde una perspectiva diferente, especialmente teniendo en cuenta la relación entre Pamela y Jason. No sería necesariamente un remake tradicional, sino una manera de conectar ambas narraciones y reinterpretar acontecimientos conocidos mediante información que anteriormente permanecía oculta.
El regreso de Viernes 13 apuesta por recuperar sus raíces
Esta aproximación supone una diferencia importante respecto a buena parte de las secuelas cinematográficas, que terminaron convirtiendo a Jason Voorhees y su característica máscara de hockey en los principales símbolos de la franquicia. La serie recupera a la asesina original y apuesta por explorar los aspectos psicológicos y familiares que desencadenaron la tragedia.
Producida para Peacock y vinculada a A24, Crystal Lake cuenta con ocho episodios en su primera temporada. Su estreno está fijado para el 15 de octubre de 2026 en Estados Unidos, mientras que llegará a Sky y NOW en Reino Unido el 19 de octubre. Por ahora, no se ha confirmado una fecha de distribución en España.
Sin embargo, parece que la Cosa del Pantano todavía tiene mucho que decir en el DCU. Peter Safran, codirector de DC Studios junto a James Gunn, ha aprovechado el estreno de Clayface para ofrecer una actualización que seguramente tranquilizará a quienes esperaban volver a encontrarse con esta criatura en la gran pantalla. Y aunque todavía habrá que tener paciencia, sus declaraciones apuntan a que el proyecto continúa avanzando.
Swamp Thing sigue vivo y DC Studios confirma que su guion está en desarrollo
Durante una conversación con Deadline, Peter Safran confirmó que la película no ha sido cancelada y que sus responsables continúan trabajando para hacerla realidad. De hecho, aseguró que el guion está escribiéndose actualmente, aunque reconoció que coordinar los calendarios de los cineastas supone uno de los principales obstáculos.
«Estamos trabajando en ella, sin ninguna duda. El guion se está escribiendo ahora mismo. Es un proyecto que nos entusiasma. Todas estas cosas llevan tiempo y, cuando ya tienes a un cineasta involucrado, también tienes que esperar a que tenga disponibilidad», explicó Safran, dejando claro que el estudio sigue interesado en llevar adelante esta particular propuesta.
Las palabras del ejecutivo resultan especialmente importantes porque James Mangold es uno de los directores más solicitados de Hollywood. Responsable de películas como Logan, Le Mans ’66 e Indiana Jones y el dial del destino, el cineasta lleva años alternando grandes producciones con historias de un marcado carácter personal. Su participación en el proyecto promete una interpretación bastante diferente de lo que habitualmente encontramos en las adaptaciones de superhéroes.
James Mangold quiere convertir a la Cosa del Pantano en una auténtica pesadilla gótica
Lejos de plantear otra aventura superheroica convencional, Mangold quiere explorar el lado más oscuro y trágico del personaje. El director ya había explicado que su intención era desarrollar una historia de terror gótico centrada en la naturaleza monstruosa de su protagonista, sin necesidad de convertir cada acontecimiento en una conexión con otras películas.
En declaraciones anteriores a MovieWeb, el cineasta describió su propuesta como «una historia de terror gótico sencilla y directa sobre este hombre monstruo». También dejó clara su intención de disfrutar de cierta independencia creativa: «Voy a hacer lo mío, una película independiente. No me interesa demasiado estar atado a tanta mitología que llegue un momento en el que resulte casi imposible mover nada y no puedas contentar a nadie».
Esta filosofía podría beneficiar enormemente a un personaje cuya riqueza narrativa va mucho más allá de sus conexiones con Batman, Superman o la Liga de la Justicia. La Cosa del Pantano funciona especialmente bien cuando combina horror corporal, tragedia personal y reflexiones sobre la relación entre la humanidad y la naturaleza, elementos que encajan perfectamente con la sensibilidad cinematográfica de Mangold.
El legado de Alan Moore podría ser fundamental para esta nueva adaptación
Aunque nunca ha disfrutado de la popularidad comercial de otros personajes de DC, Swamp Thing posee una de las trayectorias más interesantes del cómic estadounidense. Creado por Len Wein y Bernie Wrightson en 1971, debutó en House of Secrets número 92 antes de protagonizar su propia colección y convertirse en una figura imprescindible del terror sobrenatural.
Su etapa más influyente llegó durante los años ochenta gracias a Alan Moore, que revolucionó la mitología del personaje con historias que transformaron una sencilla premisa monstruosa en una exploración de la identidad, la vida y la muerte. Aquellos cómics demostraron que las criaturas más extrañas también podían protagonizar relatos profundamente humanos.
El personaje ya ha tenido varias oportunidades audiovisuales, desde la película dirigida por Wes Craven en 1982 hasta la serie televisiva de 2019, que recibió una acogida favorable entre numerosos seguidores del género, aunque fue cancelada después de una única temporada. Su regreso cinematográfico supone, por tanto, una nueva oportunidad para aprovechar un potencial que todavía no se ha explotado completamente.
El terror gana protagonismo en el nuevo universo de DC
La continuidad de este proyecto también refleja una decisión interesante de James Gunn y Peter Safran: ampliar los géneros que pueden convivir dentro del DCU. La película Clayface, centrada en uno de los villanos más reconocibles de Batman, ya ha despertado comentarios positivos por su aproximación visceral y perturbadora al origen del personaje.
En ese contexto, la propuesta de Mangold podría convertirse en otra pieza fundamental para demostrar que DC Studios no necesita limitarse a las aventuras tradicionales de superhéroes. El terror, la fantasía oscura y las historias independientes pueden aportar una personalidad propia a una franquicia que busca diferenciarse de sus competidores.
Por ahora, Swamp Thing continúa sin fecha de estreno ni calendario de rodaje confirmado. Pero después de tanto silencio, saber que su guion sigue adelante es una señal esperanzadora. Si DC permite que Mangold desarrolle su visión sin demasiadas restricciones, la Cosa del Pantano podría acabar protagonizando una de las películas más singulares de este nuevo universo cinematográfico.
Brian Michael Bendis y Andrea Sorrentino se reúnen para explorar la evolución de Erik Lehnsherr/Magneto a lo largo de la historia de Marvel, con un lanzamiento previsto para 2027
Cada entrega se centrará en una época distinta del personaje, con historias que conectarán su pasado, su presente y su futuro. Además, la editorial adelantó que la trama explorará un escenario próximo en el que las decisiones de Magneto podrían tener consecuencias para todo el universo Marvel, más allá de los X-Men.
El proyecto reunirá al guionista Brian Michael Bendis con el dibujante Andrea Sorrentino, mientras que Dave Stewart se encargará del color. Bendis, que ya escribió al personaje en títulos como House of M y Uncanny X-Men, destacó que la serie permitirá profundizar en distintas etapas de su trayectoria mediante historias independientes cuidadosamente escogidas.
Con esta propuesta, Marvel busca ofrecer una visión amplia de Magneto y de las transformaciones que han definido su lugar en el universo mutante.
La historia seguirá a Artemis, un prodigio de 13 años que descubre una civilización de hadas con tecnología avanzada. Su objetivo inicial será capturar a una de ellas y apropiarse de su magia para intentar salvar a su madre y proteger a su familia.
Colfer participará como productor ejecutivo junto a Ben Juwono, conocido por Marvel’s Moon Girl and Devil Dinosaur, y Colleen Evanson, que ha trabajado en DuckTales y Monsters at Work. El equipo pretende ampliar el desarrollo de los personajes y la mitología de las novelas.
El escritor expresó su entusiasmo por formar parte del proyecto y aseguró confiar en el equipo encargado de trasladar este universo a la animación. Por su parte, Ayo Davis, presidenta de Disney Branded Television, destacó la oportunidad de acercar la franquicia a nuevos espectadores sin dejar de lado a sus seguidores de siempre.
Publicada por primera vez en 2001, la saga Artemis Fowl ha vendido más de 35 millones de ejemplares y se ha traducido a 48 idiomas. Por ahora, no se han anunciado la fecha de estreno ni otros detalles sobre la producción.